jueves, 30 de junio de 2011

Palabras


Esdrújula está completamente borracha. Y ese sombrero ridículo que se puso, que parece un acento, se bambolea como sus piernas. Solo para juzgarla, ya está grande para estar así. Está bailando a un costado sola y lo que es peor con el ipod: lo que para ella es ritmo para el resto es show. Se la ve tan feliz. Yo siempre creí que el nombre de las personas influye. Yo soy Grave y estoy sentada en una mesa sola tomando una cerveza y para colmo, caliente. Pero es muy de mí, muy Grave.

30 de junio de 2011.

martes, 28 de junio de 2011

Dichos


No se gana pero se goza. Y es verdad. Así dicen acá cuando están trabajando como locos por dos pesos y a las risas, trabajando horas extras sin paga y tentados. Son de sonrisa fácil.
También cuando están listos para hacer las cosas como deben ser dicen si la hacemos negra la hacemos trompuda. Nada de hacerlo a medias. Si se hace, se hace.
Y no es lo mismo verla venir que tenerla enfrente. Aplica a mujeres guapas o a situaciones que de lejos parecen más chiquitas.
Finalmente tiene un buen lejos: buen mozo a la distancia. Un fiasco.

28 de junio de 2011
Para contrarrestar el de abajo

Desatino


Tuve un desatino. Volvíamos de dar clase de una escuelita en Las Flores que ni siquiera sé exactamente dónde queda y subimos con nosotros en el auto a la directora. Volvíamos de celebrarles el día del maestro en la escuela, con canto, baile y regalos. Y charla va, charla viene, yo tuve la inteligencia de opinar desde mi sentido optimista, mi información por los diarios: yo creo que las maras no molestan a las escuelas, dije. Las respetan, dije.
A usted porque nunca le ha pasado nada, a mi me dejaron viuda hace cinco años.
Llegaron unos chicos a hacer relajo a la escuela y una maestra avisó a la policía, la policía llegó y les dio duro adentro de la escuela, y pensaron que había llamado mi marido el director. Unos días después uno de los cuidadores le dijo vaya con cuidado don Ricardo, que lo andan buscando. Qué va!. Lo mataron de ocho balazos desde la pasarela de la escuela, tres ex alumnos suyos, menores de edad. Yo, cada vez que paso por esa pasarela me da aaa, me da una cosa.
Ni siquiera pude ver si se tocaba el pecho.
A los chicos les dieron seis años de cárcel y si se casaran dentro les bajan la condena. Yo eso no lo sabía, aunque en realidad hay un montón de cosas que no sé.

28 de junio de 2011
La escuelita de Las Flores son cuatro aulas de chapa, un calor infernal y cinco maestras doble turno que hacía años que nadie les celebraba su día.

miércoles, 23 de marzo de 2011

Olores

Los olores me matan porque no vienen solos.
Hay un jazmín de pétalos chiquititos, cinco pétalos, que está como a diez cuadras de mi casa; es un jazmín por el que tengo que pasar cuando voy un poco más lejos. Y siempre junto uno del suelo y lo huelo. Es el jazmín de mi casa en Argentina, el jazmín de mi escuela. Es el patio de mi casa, el césped, el olor a humedad, a tierra mojada. Es mi papá regando.
Los olores me matan porque aparecen de repente.
De la nada. Se camuflan.
El otro día había olor a carpa, a arena mezclada con lona, a mínima humedad. A encierro de verano. A campamento. Y me acordé de Sandra. Mucho.
Los olores me matan porque me hacen sonreir.

23 de marzo de 2011.
Es un gran miércoles

jueves, 17 de febrero de 2011

Nicaragua

El prejuicio se rebeló. Estoy en un hotel en Nicaragua, hotel Mozonte, y uno de los cuartos está ocupado por cuatro jóvenes, a simple vista, ex delincuentes. Uno de ellos tiene el pelo lleno de rulitos, negros, los brazos tatuados indisimulablemente y una mirada de las que incomodan. De las que no conoce el miedo, de las que miran a los ojos y no te olvidan. Estamos los dos en la piscina, escondidos el uno del otro por las plantas.


El escucha música de perreo que manda a todo el mundo a la mierda, que la vida es de los ricos y los problemas de los pobres. Y también busca en su compu historias de fantasmas.

Yo estoy a la sombrita, es mediodía, y escribo. De pronto se me acerca un perro de los nuevos, un caliche blanco, lleno de rulos, ojitos indefensos, patitas cortas, orejas de propaganda de televisión. Y el malo, sin levantar la vista de la pantalla de la compu, le dice “Cuqui, venga”.

Nicaragua de tan pobre no es pretenciosa. Al menos lo que conozco de Managua, lo que hay es lo que hay. Casas bajitas llenas de sol y calor. Normales, con rejas, con jardines. Hay una catedral de las de antes, pero el resto de los edificios históricos no llaman la atención por históricos.

Es una ciudad chata y larga, muy larga. Entre la zona del hotel y la zona del bar Garabato hay que andar por una autopista, con árboles a los costados, como si la ciudad se cortara en dos, tomara un respiro y empezara de vuelta. Es 11 de febrero.

-¿Todavía están puestos los arbolitos y las luces de Navidad?

-Sí a la Primera Dama le gustan -dice el taxista- así nos llega la cuenta de la luz.

En Nicaragua la gente está en la vereda. Durante el día, a la tardecita. Se puede leer el diario en la mecedora del hotel en la vereda. En la calle. Un barrio de casitas bajas, que en su época fue residencial, pero no tanto. Que está a una cuadra de la calle principal, muy cerca de Price Mart, de Banco Promérica donde se pueden cambiar dólares por córdobas y del supermercado La Colonia, que parece un supermercado muy lejos de la pobrecita Nicaragua.

Lo que hay en Managua es color, y eso se ve perfectamente compactado en el muelle que da sobre el lago Xolotán, un lago divino, enorme, contaminado.

Allí todos los puestos de comida y bebida, todas las bancas, todas las flores son de colores, rosado, violeta, verde, amarillo, azul. Allí casi todo tiene nombre cubano sin mucha imaginación: bar cubano, mojitos cubanos. El muelle es un reducto humano a la vida. A la entrada, un gran cartel con una frase de Salvador Allende en letras doradas, recibe a los visitantes.

El lago es perfecto, rodeado de montañas, infinito como un mar que es lago. Hasta mínimas olas se le parecen.

En un puestito de comida, pedimos, mis dos compañeros camarógrafos y yo, un quesillo para poder grabar cómo se hace y luego comerlo. El quesillo es delicioso. Es la comida más típica entre las típicas. Es una tortilla con queso de enredo, que puede ser en forma de trenza o de feta grande, con cebolla, chile y crema. Que se sirve como un burrito.

En el puesto está sentada, del lado de los clientes, la amiga de la que atiende. Tiene las cejas fucsias y las uñas de los pies verdes.



-¿Tiene Coca Cola?- pregunta uno de mis compañeros camarógrafos.

-Si

-¿Tiene una fresca?-pregunta el otro.

-Para fresca yo –dice indecorosa cejas fucsias, uñas verdes. Es divertida.

A pocos metros del muelle, está la plaza, con el anfiteatro donde el comandante Daniel Ortega da discursos y reúne de una vez las banderas rojas y negras del Frente Sandinista de Liberación Nacional. El anfiteatro es una concha blanca que forma como un techo, como si fueran cabellos hirsutos parados. Allí hasta el mismo Daniel es pequeño. El anfiteatro es enorme y da la sensación de que no cualquiera se puede subir en él. Ahora es viernes y está vacío, casi todo el parque está vacío y eso que es grande.

En realidad, no está vacío del todo. Solo hay unas pocas cabras pastando que es necesario ir a fotografiar por inverosímil (Managua es la capital de Nicaragua y en el parque está el anfiteatro del presidente).

Las grabamos, las enfocamos, las vemos con los ojos grandes y cuando nos vamos, aparece su dueño en bicicleta. Sonriendo, algo sucio, con los zapatos gastados, todo él en tonos gris.



-¿Son suyas las cabras?

-Sí

-¿Y son mansitas? ¿Se portan bien?

-Claro, son cabras de la capital

Y después sorprende. Insiste en que Nicaragua no es un pueblo bruto, pero que no sabe por qué no puede salir. También insiste en que Daniel Ortega no va a ser presidente por tercera vez, pero lo dice con la convicción de que él, el dueño de las cabras, no lo va a dejar. “Ya gobernó dos veces, ya está mi comandante. Que un nicaragüense venga a reformar mi constitución, no, no se puede. Ya lo dejamos gobernar”.

Pregunta por Funes, el presidente también de izquierda de El Salvador. Y se ríe. Para él El Salvador es un modelo a seguir. Pobre. Y se alegra que el FMLN, el partido de Funes, esté en el poder. Aunque sabe que entre los benditos ideales del Che y estos dos, hay un abismo.

Cuqui, el perrito oveja sigue dando vueltas por una zona delimitada del hotel, indefenso. Ni ladra. El joven pinta de maleante, en cuero, con los pantalones de jean que dejan ver, como se usa ahora, los calzoncillos, lo levanta y lo mima. Cuqui sigue sin demostrar sentimientos. No ladra.



13 de febrero de 2011.
Calor.

miércoles, 5 de enero de 2011

Azúcar

En enero el aire se llena de caña quemada, cae del cielo, cae en las piscinas, en la calle, en la cabeza. Son pequeñísimas virutas negras que flotan como las hojas, de un costado al otro, y da la sensación de que no se mueren. Es azúcar disfrazada. Y llena todo el país, pese a que en muy pocos lugares se quema caña, pero como el país es tan chiquito, hay azúcar negra del campo a la ciudad.


5 de enero
Hoy abre el risto nuevo, nada que ver con el azúcar

viernes, 26 de noviembre de 2010

Amigos

En el único momento del día en que siento que no crecí ni un ápice, ni me arrugué un poquito, ni tengo canas, aunque las tengo, ni el brazo como un elastiquito que se vence, es cuando estoy con mis amigos, nos unen chistes de hace años, y si los veo quiero bailar, y siguen con sus mismos defectos y se ríen de los míos, que en algún momento pensé que eran de adolescente, pero no, son míos, y me quieren ver feliz, y a mis amigas que tengo lejos, cuando las contacto por esas bellezas de la tecnología, las descubro igual, y desde Argentina a El Salvador si les escribo hablemos, dejan lo que están haciendo y me preguntan pasa algo o solo querés hablar, y cuando les pido un favor, resoplan entregadas, y si es fácil, se sorprenden, como lo han hecho siempre, porque para algunas cosas, uno nunca crece, para qué?

26 de noviembre de 2010
Me siento bien