En un país atravesado al medio, destajado por la violencia, hay un espacio excepcionalmente blanco. Son las casas de la playa.
Las casas están metidas en el medio de los pobres. Se llega por caminos de tierra que atraviesan el mundo en dos: de un lado los que no tienen nada; del otro, las casas de la playa.
Sus puertas están cerradas al camino y abiertas de par en par al mar.
Allí el tiempo es paraíso; hamacas, cerveza, ron, cocteles, música, cigarros, piscina...y se vuelve viejo, allí el tiempo se vuelve el de antes.
Los vendedores de ostras, conchas y pescados entran por la arena y entran a las casas de la playa sin siquiera saludar, caminando despacio, quebrando sin pudor el paraíso, ofreciendo sus productos.
Y nadie se inmuta. Nadie se sobresalta.
Y van a la cocina y los preparan. Y los dueños de las casas de la playa sacan sus billeteras, que están en medio de todo, metidas en bolsos despatarrados. Y nadie se inmuta. Acá, en un país, en el que el miedo se mide en un espacio sin saludos, de miradas desconfiadas y bajo llave.
Y cuando los vendedores cobraron, se van por donde entraron y pasan a la casa de al lado, como si tal cosa, como si el mundo fuera así.
11 de enero de 2010
Acostada en la cama.
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)
Super fans.
ResponderEliminargracias por su comentario, quién eres? jajaja
ResponderEliminarahhhhhh!!!!!
ResponderEliminarhace media hora que estoy intentando hacer un comentario....
decía otras cosas y aparte esto:
APARECIÓ!!! la "García Marquez" que estaba esperando toda Latinoamerica....
espero poder acceder a más escritos de ti.
un beso
manzana
dany,una alegría inmensa haberme encontrado contigo aquí...
ResponderEliminarFue por casualidad, pero una gran sorpresa.
Te quiero mucho. Beso enorme y felicitaciones.
ana
Hola Ana, gracias....no ubico quién me escribe, perdón
ResponderEliminar