Estoy en el mar. La silla azul, la más grande, es la de él. Mide un metro noventa. La mía es la blanca, más chiquitita. Y el mar es de los dos.
El mar es un mar azul, sin delirios de grandeza, no es turquesa, ni transparente, ni se le ven desde el cielo corales marfiles y rojos. Es azul con olas de espuma blanca. Mejor dicho, es perfectamente azul con olas de espuma blanca. Es un mar con color de mar.
Es como un buen vino, tiene carácter, tiene cuerpo y tiene fuerza.
Bañarse en el no es tan fácil. Se puede hasta un punto, después es como una selva de agua y viento. No se puede pasar..o peor no se puede salir.
A este mar incierto, con trucos escondidos, lo camina todas los días Marta, la ostrera. De punta a punta, en una arena que se le derrite en los zapatos y con un guacal verde, enorme en la cabeza. Hace años que no lo escucha, después de su accidente…pero lo que yo no sé es si lo ve, aunque sea tan grande y aunque tenga tanta agua viva.
Para Marta puede ser como una mancha de humedad, de las que aparecen y la costumbre las transforma en invisible. Willy, el que cuida la casa del mar, tampoco lo ve. No le conoce ni las mareas y lo tiene bajo sus narices todos los días. Noemy, su señora novia con sonrisa boba, cada tanto lo mira…pero no se lo lleva en la piel.
A mí me hechiza, me grita, y cuando por un momento se queda mudo, quieto, segundos, abro los ojos para ver si sigue ahí.
27 de diciembre de 2009
La Zunganera con Gig, in another fucking beautiful day.
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Dani, ya era hora de que nos dejaras disfrutar de tus escritos, son fantásticos!!!!!
ResponderEliminarMuchos besos!!!
Teresa
gracias, Teresiña!!!
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